jueves, 3 de agosto de 2017

ALGUNAS CLAVES DEL INCENDIO DE YESTE-MOLINICOS Y ALDEAS

El incendio forestal de Yeste-Molinicos y aldeas ha sido una gran tragedia social y ambiental, sin paliativos. En menos de una semana se han convertido en cenizas más de 3.000 hectáreas de monte rico en biodiversidad de flora y fauna. Muchísimas personas han visto cómo sus lugares de vida y sustento se han deteriorado hasta el extremo. El futuro se vuelve más hostil. Vaya por delante todo el ánimo y el apoyo a las gentes que más lo han sufrido, y el agradecimiento a todas las personas que han trabajado en las durísimas labores de extinción.

Dicho esto, creo que este desgraciado acontecimiento cabe interpretarlo en clave de los desquiciados cambios económicos y ambientales que está experimentando este mundo globalizado, cambios que se manifiestan también en nuestro entorno local. Se trata de poner la vista más allá de las llamas, el humo y los árboles quemados de los últimos días, para intentar descubrir las razones de porqué ocurren estos desastres ambientales, y porqué seguirán pasando (están pasando) otros similares más o menos mediáticos.

Es mi humilde opinión, seguro que incompleta, susceptible de ser matizada o incluso con partes erróneas, más con ella quiero hacer mi aportación al debate pendiente en esta región y país respecto a un mundo rural que se desangra sin remedio en el marco del colapso del capitalismo terminal.

1. En las sierras de Segura y Alcaraz se aplica un modelo económico extractivista.

El capitalismo, en su afán por incrementar a toda costa los beneficios monetarios privados, genera residuos e impactos por doquier cuando se apropia de los recursos humanos y naturales. Su historia del último medio milenio se puede resumir a través de un esquema centro-periferia donde las economías y regiones “más desarrolladas” han impuesto al resto del planeta unas reglas del juego basadas en relaciones de dependencia y subordinación. Primero se llamó colonialismo y ahora se denomina globalización.

Las sierras del sur de la provincia de Albacete llevan un siglo funcionando como abastecedoras de mano de obra y agua de las zonas urbanas de su entorno, fundamentalmente costeras. Los grandes embalses de la primera mitad del siglo XX anegaron las mejores vegas de cultivo de los ríos Segura y Mundo y dificultaron la explotación forestal tradicional que utilizaba el cauce de los ríos para dar salida a la explotación maderera. Si a ello añadimos la fuerte concentración de la tierra en manos de caciques, y la inexistencia de políticas de redistribución de la tierra, las consecuencias fueron la expulsión de la población de su medio natural, condenándola a vender su fuerza de trabajo para mayor gloria del desarrollismo urbano-industrial franquista. El agua de la sierra, la que corre por la superficie y la que la Confederación Hidrográfica del Segura fuerza su afloramiento mediante los eufemísticamente llamados “pozos de sequía”, sirve para abastecer a una agricultura insostenible en el litoral, intensiva en petróleo y agroquímicos, que machaca a las personas inmigrantes que en ella trabajan. Y también, claro, para seguir dando aliento a un modelo turístico de sol y playa que ha copado el litoral mediterráneo al calor de la especulación del ladrillo.

Los sucesos de Yeste de mayo de 1936, con casi 20 campesinos muertos a manos de las fuerzas de orden público, cabe interpretarlos en el marco de esa creciente presión sufrida por la población serrana, despojada de agua, tierras y montes, condenada a morir de hambre o a emigrar. Este modelo extractivista que la Sierra de Segura viene sufriendo durante más de un siglo, tiene su continuidad hoy día en otras zonas de Castilla-La Mancha, con muy bajas densidades de población, para las cuales la planificación del desarrollo territorial les depara cementerios nucleares, minería de tierras raras, cotos intensivos de caza mayor o macrogranjas de porcino, en algunos casos con el visto bueno de los Gobiernos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el anterior y el actual.

2. Si en la sierra no vive gente, la gente no tendrá sierra.

El éxodo rural de la segunda mitad del siglo XX en España se ha logrado frenar en algunas comarcas de interior, más se sigue prolongando sin piedad en las sierras de Alcaraz y Segura. En los 25 años que van desde 1991 hasta 2016, caracterizado por la aplicación en España de las políticas europeas agrarias (PAC) y de desarrollo rural, ambas comarcas albacetenses han perdido población a un ritmo frenético y desbocado. La Sierra de Segura ha pasado de 23.639 habitantes en 1991 a los 16.895 en 2016, suponiendo una reducción del 40% de su población. Si nos vamos a los municipios de Yeste y Molinicos la sangría es aún mayor, alrededor de un 45%. Su población se ha reducido desde los 5.025 y 1.686 habitantes de 1991, respectivamente, hasta los 2.818 y 893 habitantes actuales. El caso de Yeste, si lo comparamos con los casi 11.000 habitantes que llegó a tener en 1950, es absolutamente desolador.

Los montes mediterráneos son ecosistemas extremadamente frágiles, que a lo largo de los siglos han coevolucionado con la presencia humana. Los usos tradicionales del monte como el pastoreo, la leña, la recogida de frutos silvestres, etc. han desaparecido a la par que se reducía la población, que ya no puede ganarse el sustento desarrollando las mismas actividades que sus antepasados. Si a ello añadimos un transporte público inexistente para la mayor parte de poblaciones y aldeas, así como educación y sanidad centralizadas en grandes poblaciones o la capital de la provincia, vivir en la sierra, aunque se quiera, está reservado a pensionistas o a gente muy valiente, que se ríe de las políticas públicas de desarrollo rural.

O la gente vuelve a rehabitar en harmonía la sierra, desarrollando las actividades tradicionales de manejo del monte, adecuadamente valoradas y remuneradas por el conjunto de la sociedad, recogiendo y poniendo en práctica todos los saberes de nuestros/as abuelos/as, o la zona corre el riesgo de convertirse en un parque temático para el turismo rural. Un monocultivo económico, el del turismo rural, con muy limitadas capacidades por sí solo para llevar a cabo una gestión integral y equilibrada del territorio. En contra de lo que nos sugieren las líneas maestras del progreso capitalista, en las sierras de Albacete y la mayor parte de las zonas rurales deprimidas de Castilla-La Mancha, faltan miles y miles de campesinos/as y pastores/as extensivos, capaces de aprovechar los recursos renovables de nuestra tierra (suelo y agua) para convertirlos en alimentos sanos. Campesinos/as y pastores/as, que no agricultores/as y ganaderos/as intensivos en el consumo de fuentes energéticas no renovables, que siguiendo las directrices de las políticas agrícolas y ganaderas públicas, con sus técnicas, cultivos y macrogranjas en muchos casos agotan y contaminan los suelos y el agua.

3. El cambio climático y la deforestación han llegado para quedarse: nada volverá a ser como antes.

Los ecosistemas forestales están cada vez más estresados por las mayores temperaturas y las menores precipitaciones ligadas al cambio climático. Los posibles incendios que puedan desencadenarse, van a resultar cada vez más dañinos y virulentos. En estas condiciones cada vez más extremas, incluso los modernos sistemas y dispositivos de extinción, humanos y técnicos, no siempre podrán hacer frente a los incendios con suficientes garantías para minimizar los daños. Ello no quita para que aún se pueda hacer mucho más y mejor en esta materia.

El sur y el sureste peninsular, donde se encuadran las sierras de Segura y Alcaraz, son las zonas de la península Ibérica donde con más intensidad se van a reflejar las consecuencias del cambio climático. En este contexto de mayor aridez y desertificación, el daño causado por el fuego sobre las masas forestales es muy probable que vaya en aumento.

Toca adelantarse y apostar por políticas que preparen a las comunidades rurales y urbanas para afrontar unas condiciones climáticas mucho más hostiles para la vida humana. Para este reto, las directrices que marca la globalización no nos valen. Seguir apostando por la mercantilización a ultranza de la mayor parte de las necesidades vitales, exprimiendo los recursos naturales y las personas para maximizar los beneficios monetarios de una minoría, nos lleva al colapso más salvaje. Tomando prestado el título de la novela de Juan Goytisolo, hay que recuperar las “señas de identidad” de la sierra. Frente al desarraigo y la ruptura de vínculos con la naturaleza, se impone poner en valor estilos de vida basados en lo comunitario y el respeto a la tierra y sus gentes. No se trata de volver al pasado, sino de aprovechar los conocimientos generados durante cientos de años por quienes nos precedieron, para construir un futuro digno encajando tradición y modernidad.

10 comentarios:

ximo dijo...

Goyo, lo primero es que me ha encantado, pero como me has pedido mi opinión, te cuento algunas cosas relacionadas de lo que pienso, y sino no haberme dicho nada, jejeje.
Lo primero es que desconozco la realidad de la sierra del Segura, pero en general seguro que no debe ser diferente de otras, y que la historia se ha repetido. Antes del éxodo rural, los usos tradicionales del monte de la población rural, tampoco se había caracterizado por ser sostenibles. La necesidad justificaba y les obligaba a utilizar todo lo que daba el monte, hasta el último tomillo. No hay más que hablar con la gente mayor, ver las fotos antiguas, del valle del Júcar, de la propia Derrubiada, de la zona de Castellón que conozco, u otras zonas en que se veían los montes pelados ….., o de ver como están normalmente las zonas forestales cercanas a los pueblos. El ganado, la necesidad de combustible, leña para todo, calentarse, cocinar, pequeña artesanía e industria…, no había incendios, porque realmente no había que quemar, los bosques no desaparecían en incendios como ahora, desaparecían en la chimeneas y las pequeñas industrias de la gente. Y además según que zona, era explotada de otra forma más planificada por los intereses económicos de entonces, madera para barcos, recursos para las ciudades…. Por desgracia a veces se protegía el bosque por los intereses egoístas de los grandes propietarios, como era por su interés para la caza, o bien, y esa si que es un historia bonita, ejemplos de montes comunales, gestionados por los habitantes de los pueblos, osea explotados, utilizados y a la vez protegidos, (en Castellón quedan muchos y se llaman muchos Bobalar).
Pero esta gente si tenía un conocimiento del medio natural, porque vivía en él y estaba unida íntimamente a él. Eso sí las apreturas de la necesidad les obligaba, pero cuando ya no existe esa situación de pobreza esa unión con la naturaleza se transforma en sensibilidad y cuidado. Y te hablo de mi propia experiencia. En Vallibona, cuando fui forestal, me hice muy amigo de Jaume, (creo que te lo habré nombrado alguna vez, y digo fui porque por desgracia ya ha fallecido). Jaume fue un tipo muy inquieto, y como Vallibona era un pueblo carbonero, se hacía carbón vegetal para las cocinas económicas de las ciudades, muy pronto fue el jefe de una cuadrilla, y te digo, Jaume arraso muchos bosques, muchas encinas centenarias. Vallibona ahora es una selva, pero entonces la dejaron como el culo de un mona. Bueno pues el Jaume, que yo conocí, estaba recientemente jubilado, y era el alcalde, y se había transformado de un depredador en un benefactor del monte, lo cuidaba, arreglaba, y pasaba su tiempo haciendo un bien a la naturaleza. Había cambiado su situación, y es el ejemplo de un hombre pegado al medio, y con conocimientos, un hombre del terreno, como decía por allí. Y Jaume no era el único, muchos otros, incluso jóvenes, aunque fueran muy bestias, eran muy sensibles con el bosque.

ximo dijo...

sigo....Por eso es muy importante lo que resaltas en tu escrito, volver a vivir en la sierra implica vivir en armonía con la sierra, con los conocimientos y actividades tradicionales, pero sin las apreturas que tuvieron nuestros mayores. Y como dices mantener y proteger puede costar, y debe de ser remunerada por la sociedad por todos los beneficios que aportan. Y como dices, tan bien explicado, que no se conviertan en un parque temático del turismo rural, que representa justo lo contrario de lo que estamos hablando. Gente alejada de la realidad del medio natural, con valores de consumo trasladados a la naturaleza, un utilitarismo devastador, y nosotros sabemos con Turiaventura, Multiaventura Los Olivos, Avenjucar, y la madre que los parío. Si vamos a la sierra con los valores de nuestra sociedad actual, para mí es mejor dejar las sierras deshabitadas para siempre, y asumir que se quemen periódicamente.
Acabo ya, todos nuestros montes en España, todos son intervenidos en mayor o menor medida, y son cada uno resultado de su propia historia, pero generalmente resultado de la explotación intensiva del siglo XX, y que se han recuperado en los últimos 50 años, y hemos ganado superficie forestal, pero que son bosques normalmente inmaduros, y como tales con altas densidades, propicios para incendios forestales, que tras los incendios aumentan más su inmadurez y a su vez el mayor riesgo de incendios……
Para mí, en algunos casos como bien dices la población rural puede ser la garantía para la conservación, pero en otros zonas hay que asumir que la mejor estrategia de conservación ha sido la despoblación, y no hay más que mirar los grandes Parques Naturales de Castilla la Mancha o de cualquier otra comunidad. Tampoco pasa nada por aceptar que pueda haber espacios donde el protagonismo sea solo de la naturaleza, espacios a proteger y no explotar ni utilizar, que nos comprometamos con estos espacios sin rentabilidad económica, ni social, ni nada, solo generosidad con los otros seres vivos. Que no da pena que algunos espacios se abandonen de gente, una huerta deshabitada de la Derrubiada, no tarda nada en ser ocupada por otros seres vivos.
Goyo me he extendido pero a mí me ha servido para reflexionar y poner en orden algunas cosas de mi cabeza, y de verdad enhorabuena por lo que has escrito.

ximo dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Antonio Gonzalez-Cabrera dijo...

Bien expresado, Comparto tu analisis

Anónimo dijo...

No me encaja mucho lo de el año 1936 en todo esto pero creo que los años de gobierno estatal socialista y las años de gobierno de Bono y compañía podrían haberlo mejorado ¿no?
Pero se dedicaron a otra cosa

Anónimo dijo...

Estimado señor, Ante todo decirle que comparto el enorme respeto que muestra a la naturaleza. Lo que no entiendo es mezclar el resentimiento político que denota. Siempre aludiendo a lo mismo,en la primavera de 1936 ardía el magnífico barroco de la catedral de Albacete, y en el mes de agosto eran fusilados centenares de católicos,por el simple hecho de ser católicos, desde jóvenes de menos de 20 años ,hasta ancianos de casi 80 años. De sus añoradas brigadas internacionales, capitaneadas por dos vulgares asesinos que fueron Andre Marti,conocido como el carnicero de Albacete, y Luigi Baglietto,he de decirle que en parque,los hombres de Marti yBaglietto, se enfrentaron entre ellos,borrachos, y pusieron en riesgo a la población civil.

Goyo dijo...

Respecto al comentario anónimo anterior. Menciono los sucesos de Yeste de 1936 porque creo que son un antecedente de interés, que tuvo lugar en la Sierra de Segura, y que ayudan a comprender el contexto histórico, social, político y económico que encaminó a la Sierra hacia su despoblación galopante y a una situación de dependencia y sumisión respecto a otros territorios.

Anónimo dijo...

En las zonas esa de la Sierra del Segura, hay otro problema y es que la poblacion esta bajando porque tampoco quieren a gente de fuera o estan mal vistos. Solo quieren a sus gentes y familiares y los que van para asentarse y vivir alli lo tienen muy duro, a excepcion de los turistas que van con dinero en la mano y compran casas o campos a precios muy altos.

Anónimo dijo...

¿Dónde emigró la población de toda la zona sur de la provincia de Albacete en las décadas del desarrollo ? Lo hizo a levante y a Baleares, por la sencilla razón que allí había trabajo. Se empezaba a gestar el estado del bienestar, plan de carreteras, hospitales que siguen siendo referencia nacional, como el hospital de La Paz o el primero de octubre, lógicamente actualizados. Pantanos, y había menos sequías que ahora. Y se hacía todo con menos impuestos. Yo eso no lo he conocido, no había nacido. El éxodo de la población hacía las ciudades es imparable. Castilla Leon está más despoblada en sus zonas rurales. Aragón también.

Javier Juarez dijo...

El anónimo del 13 de agosto es......, con perdón y mordiéndome la lengua. Sólo denota el poco conocimiento que tiene de la Sierra del Segura. El post está genial, es l pura verdad de mi tierra. Sólamente estamos en el mapa para ser la fuente de Murcia. Por supuesto los conocidos Sucesos de Yeste tienen mucho que ver en esto y reflejan lo que ésta Sierra vive desde aquellos años de miseria. Lo de que la sociedad debería de pagar es una utopía muy bonita y necesaria, pero el monte no es un banco que hay que rescatar. Te felicito.