martes, 28 de marzo de 2017

LAS TIERRAS RARAS, EL CEMENTERIO NUCLEAR Y LA UNIVERSIDAD DE CASTILLA-LA MANCHA

La empresa Quantum Minería lleva tiempo intentando conseguir el permiso para la explotación de minería de tierras raras en el Campo de Montiel de Ciudad Real. La mayor parte de la ciudadanía, las empresas agroalimentarias y los colectivos sociales de la zona están organizados oponiéndose a esta actividad minera por entender que hipoteca el futuro de esta comarca. Ayer, la UCLM firmó un convenio con Quantum Minería para la constitución de la Cátedra Quantum y de dos aulas Universidad-Empresa para la formación e investigación en el ámbito de los recursos minerales y naturales. Quantum aportará a la UCLM 50.000 euros/año durante un período de tres años. No me consta que Quantum tenga firmados convenios de naturaleza similar con otras universidades españolas.
 
El 30 de diciembre de 2011 el Consejo de Ministros del Gobierno de España decidió que la Empresa Nacional de Residuos Nucleares (ENRESA) construyese un cementerio nuclear en Villar de Cañas (Cuenca). Esta decisión fue tomada en contra de la voluntad de la mayoría de la población y del tejido socioeconómico del entorno del emplazamiento elegido. Apenas dos años después, en junio de 2013, ENRESA firmó un convenio con la UCLM para la creación en su seno de la Cátedra ENRESA de investigación y divulgación en materia de medio ambiente. Desde entonces hasta hoy cada año ENRESA ha aportado 100.000 euros a las arcas de la UCLM. Sólo hay una Cátedra ENRESA más en España, en la Universidad de Córdoba, provincia donde se ubica el almacén de residuos nucleares de baja y media actividad de El Cabril.
 
En ambos casos el actual gobierno de la JCCLM se ha manifestado en contra de que tales proyectos lleguen a materializarse. Ante el cementerio nuclear con una postura absolutamente contraria y beligerante con el Gobierno de España. En el caso de la minería de tierras raras de forma más ambigua y dubitativa. Se produce así una clara divergencia respecto a los escenarios de futuro posibles para estas dos comarcas. La JCCLM es partidaria de no desarrollar estas actividades de gran impacto ambiental y potencial riesgo para la salud de las personas. La sociedad organizada de ambos territorios no se cree los cantos de sirena de los megaproyectos que les quieren “vender” y se opone abiertamente a los mismos. Por el contrario, la UCLM, de manera indirecta a través de la firma de convenios de colaboración con las empresas promotoras de estos proyectos, se posiciona a favor de su implantación.
 
En los años que han seguido a la crisis de 2008 se han producido importantes recortes en la financiación de los servicios públicos españoles. En el ámbito universitario, la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) ha sido la universidad pública española que más ha visto reducida la financiación, concretamente por parte de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha (JCCLM) en los años en que esta administración era gobernada por el Partido Popular. Ello ha incentivado a que para mantener sus actividades de investigación y docencia, la mayor parte de las universidades públicas hayan intentado compensar esta merma en la financiación pública mediante la firma de convenios de colaboración con diferentes empresas.
 
El artículo 2.1.e de los Estatutos de la UCLM establece como uno de sus fines “El apoyo científico y técnico al desarrollo cultural, social y económico, con atención singular a las demandas particulares de la Comunidad Autónoma de Castilla-La Mancha en cuyo ámbito territorial está ubicada”. Pienso que los dos casos expuestos con anterioridad invitan a revisar la estrategia de la UCLM en cuanto a la firma de convenios de colaboración con empresas públicas o privadas, precisamente por no tratarse de demandas concretas de la mayoría de la ciudadanía castellano-manchega, sino todo lo contrario, por ir en contra de sus deseos respecto al desarrollo futuro de esta tierra.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

EL CAPITALISMO ES DESIGUALDAD, Y LA VIDA ES OTRA COSA


Hace dos semanas los/as amigos/as de la Asociación de Docentes de Economía en Secundaria de Castilla-La Mancha (ADES-CLM) me invitaron a participar en las jornadas que organizaron en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de Albacete, bajo el lema “Jornadas Educativas de Economía, Empleo, Pobreza y Exclusión Social”.
 
A continuación reproduzco el texto que sirvió de base a mi intervención.
 

1.    ALGUNAS IDEAS PREVIAS

Vivimos en un sistema económico, el capitalista o de mercado, donde la desigualdad crece constantemente, especialmente en las últimas décadas. Esta situación ocurre tanto dentro de los propios países, ricos y pobres, como entre ellos mismos.
 
A la par, las políticas públicas de carácter redistributivo para hacer frente a la desigualdad, cada vez son más raquíticas. Y ello a pesar de que economistas liberales como Keynes tenían muy claro que dichas políticas redistributivas y de gasto público eran claves para afrontar la inestabilidad cíclica del sistema capitalista por la vía de la demanda agregada.
 
Respecto al gasto público corriente, Keynes justificaba socialmente las transferencias desde el gobierno a las familias de menor renta por su impacto positivo sobre el consumo y en consecuencia sobre la demanda total.
 
Las políticas keynesianas caen en desgracia en la década de los 80 del pasado siglo cuando son sustituidas por los principios neoliberales y monetaristas, contrarios a la intervención del Estado en la economía y favorables a la desregulación.
 
El culmen de este cambio de postura tiene lugar con la aprobación del Tratado de Maastricht en 1992 y más recientemente con el Pacto de Estabilidad y Crecimiento de la Unión Europea. A partir de entonces, la estabilidad presupuestaria se convierte en objetivo prioritario, tanto en términos de déficit público (3% PIB), deuda pública viva (60% PIB) e imposibilidad de financiarse a través del recurso a los bancos centrales.
 
No obstante, desde hace ya varios meses, Mario Draghi, Presidente del Banco Central Europeo, viene reconociendo el fracaso de las políticas de austeridad encaminadas a conseguir la estabilidad presupuestaria en la Eurozona. La política monetaria lleva varios años con tipos de interés en el entorno del 0%, y la recuperación económica o no se ha producido o es muy débil en los países rescatados de la Eurozona. Tal ha sido el “ataque” de sinceridad del señor Draghi, que ha llegado a afirmar públicamente la necesidad de que los Estados colaboren en la recuperación a través de políticas públicas de gasto o inversión, y lo más radical, glosando las virtudes que tendría un aumento de los salarios para impulsar la recuperación económica.
 

1.1.           Concepciones de la pobreza

En determinados pueblos indígenas africanos, la pobreza o la situación de precariedad de las personas está asociada no tanto a ciertas carencias materiales, sino principalmente a la ausencia de un soporte social en términos de una red familiar o de amistades que ante situaciones de dificultad permiten afrontarlas a través de la ayuda mutua.
 

1.2.           Galbraith y la pobreza de las masas

Comenzamos con la situación de los países empobrecidos. En 1978 John Kenneth Galbraith publicaba La pobreza de las masas. En dicho libro plasmaba su experiencia como embajador de Estados Unidos en la India entre 1961 y 1963, etapa en que el país norteamericano desarrolló un amplio programa de ayuda al desarrollo en la India, especialmente en el sector agrario. En su introducción señalaba:
 
“No cabe duda de que nuestros motivos eran humanos, al mismo tiempo que sensiblemente egoístas. Pero pronto me persuadí de que nuestros esfuerzos iban desencaminados, y que extendíamos el error a aquéllos hindúes con quienes trabajábamos.
Lo que decidimos que constituían las causas de la pobreza inherente a los hindúes, y contra las que pretendíamos luchar, no se derivaban de algo pensado, sino de la conveniencia. Hablando en líneas generales, sólo existían dos cosas con las que podíamos disminuir las privaciones: a través de la aportación de capital y, en principio, de los conocimientos técnicos productivos. Las causas de la pobreza aparecían, pues, como derivadas de una carencia de capital o de una ausencia de experiencia técnica. El remedio incluía el diagnóstico. Era como, si al poseer la vacuna, identificáramos la viruela. Sólo por accidente, una terapéutica así seleccionada podía propiciar el éxito. Y, por desgracia, no se propició dicho accidente (Galbraith, 1982, 11-12).
 
Es decir, en las políticas de ayuda al desarrollo se utilizan preferentemente los instrumentos de que dispone el país donante y que más le convienen política y económicamente, sin atender a las verdaderas necesidades de los países receptores.
 

1.3.           Deaton y el escape de la pobreza

 
Angus Deaton, economista escocés, Premio Nobel de Economía en 2015, señala en su libro El gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad (Fondo de Cultura Económica, 2015) que son los mismos los mecanismos que desde la Revolución Industrial han permitido tanto el progreso material como una realidad dual entre los pueblos ricos que han salido adelante y los pobres que se han quedado atrás. Escribe que
 
“El ‘Gran Escape’ de este libro es la historia de cómo la humanidad escapa de la privación y la muerte prematura, de cómo las personas han conseguido mejorar sus vidas y han mostrado el camino a seguir a las generaciones posteriores (…) Este libro trata de la danza sin fin entre el progreso y la desigualdad, acerca de cómo el progreso crea desigualdad y cómo la desigualdad en ocasiones puede ser útil (al mostrar a otros el camino o proveer incentivos para remontar la brecha) y a veces inútil (cuando quienes lograron escapar protegen sus posiciones destruyendo las rutas de escape que quedan detrás de ellos” (Deaton, 2015, 11-14).
 
Si son los mismos mecanismos los responsables de la opulencia y la miseria, ¿hay vía para un mundo menos desigual?, ¿puede el fin justificar los medios?, ¿puede basarse la opulencia en la condena a la miseria de buena parte de la población?. Nos encontramos ante el permanente dilema económico entre la eficiencia y la equidad. Aquí conviene recordar las palabras de Arthur Okun (1975) “los derechos y poderes que el dinero no debería comprar deben ser protegidos con regulaciones y sanciones específicas (...) Una sociedad capitalista democrática se esforzará por buscar mejores métodos para trazar los límites entre el dominio de los derechos y el dominio de los dólares”.
 
Deaton (2015) señala incluso el fracaso de la ayuda externa a los países pobres por entender que colabora a mantener gobiernos corruptos y políticas indeseables. En una línea similar a cuando Jean Ziegler afirmaba hace unos años que “A los países pobres no hay que ayudarles, sino dejar de robarles”.
 
En lo referente a la ayuda al desarrollo, Angus Deaton (2015, 345) se pregunta desde la posición de los países ricos:
 
“¿Por qué somos nosotros quienes tenemos que hacer algo? ¿Quién nos dio esa responsabilidad? (…) nosotros frecuentemente tenemos tan pobre comprensión de lo que ellos necesitan o quieren, o de cómo funcionan sus sociedades, que nuestros torpes intentos de ayudar en nuestros términos hacen más daño que bien (…) Cuando nosotros intentamos ayudar las consecuencias negativas no intencionadas están garantizadas. Y cuando fracasamos, insistimos porque nuestros intereses están ahora en juego (en nuestra industria de ayuda, atendida en gran medida por nuestros profesionales, y que genera fama y votos para nuestros políticos), y porque, después de todo, nosotros debemos hacer algo”
 
Claro que habría que hacer algo. Podemos comenzar por modificar las reglas del juego que ahora condenan a los países empobrecidos a una relación de dependencia y sumisión. Lo demás no va más allá de tranquilizar conciencias.
 
Incluso en el caso hipotético que los países empobrecidos requiriesen inyecciones de capital externo para salir de su situación de postración, la realidad de los flujos internacionales de capital funciona justo al revés. Según Armando Fernández Steinko (2008), el monto de capitales que cada año abandona los países más empobrecidos en dirección al Norte rico, es enorme. Entre 350.000 y 800.000 millones de dólares, cifra cinco veces más alta que toda la ayuda al desarrollo que fluye en sentido contrario. Así, la pregunta pertinente es, ¿quién ayuda a quién?.
 
 

1.4.           Desigualdad, capital y trabajo

Thomas Piketty (2015, 266-268) señala que la distribución de la propiedad del capital y de los ingresos resultantes es sistemáticamente mucho más concentrada que la de los ingresos del trabajo:
 
a)    La participación del 10% de las personas que reciben el ingreso del trabajo más elevado suele ser del orden de 25-30% del total de los ingresos del trabajo.
b)    La participación del 10% de las personas poseedoras del capital más elevado siempre es superior al 50% del total de los capitales, y a veces sube hasta 90% en ciertas sociedades.
c)    La excesiva concentración del capital se explica sobre todo por la importancia de la herencia y de sus efectos acumulativos (por ejemplo, es más fácil ahorrar cuando se heredó una vivienda y no se tiene que pagar una renta en forma de alquiler o hipoteca). Una reflexión al respecto. Si la institución de la herencia permite la acumulación y transmisión de la riqueza y explica una parte importante de la desigualdad, ¿por qué se mantiene?.

1.5.           Del proletariado al precariado

En los últimos años estamos asistiendo a un fenómeno nuevo caracterizado por el hecho de que tener un empleo ya no es garantía para satisfacer dignamente las necesidades básicas.
Guy Standing (2016, 222-224) comenta que
 
“El proletariado clásico ha tenido siempre una ocupación estable a jornada completa. Ha sido explotado en el lugar de trabajo en el horario laboral (…)
[Al precariado] “La definen tres grandes características. En primer lugar (…) obligados, a aceptar una vida de trabajo inestable como norma (…) el precariado está tan explotado fuera del espacio y del tiempo de trabajo como cuando se encuentra dentro. Eso es completamente nuevo (…) No tienen ocio, trabajan (…) tiene una presión increíble sobre su tiempo (…) La segunda característica (…) no tiene pensiones, no tiene vacaciones pagadas (…) Depende de salarios monetarios que son descendientes y volátiles (…) El tercer aspecto (…) es que tiene relaciones diferentes con el Estado (…) Esta es la primera vez en la historia que una clase social emergente se encuentra en proceso de perder derechos que han sido adquiridos por ciudadanos del pasado”.
Esta última característica es un cambio importante en el devenir histórico de la lucha de clases (Standing, 2016, 226-231):
 
- Ésta tradicionalmente se acometía desde el proletariado contra la clase capitalista a través de los sindicatos, y su objetivo último era conseguir una mayor porción de la tarta sin cambiar las estructuras.
- Actualmente la lucha se plantea desde el precariado contra el Estado, por entender que éste es el brazo ejecutor de los recortes sociales que tanto han perjudicado a los más desprotegidos. Los instrumentos de dicha lucha son las nuevas formas de organización social (15M, PAH) y política (partidos emergentes). Su objetivo es abolir las estructuras que definen la existencia del precariado.
 

1.6.           ¿Y la Unión Europea, qué?

En el curso 1989-1990 los profesores Tomás Carpi y Jordán Galduf me impartieron la asignatura Política Económica de los Países Subdesarrollados en la Universitat de València. Seguíamos el manual de Michael Todaro (El desarrollo económico del Tercer Mundo) y el ensayo de Raúl Prebisch (Capitalismo periférico). Aprendí que la década de los 80 del pasado siglo fue de retroceso en los ámbitos social y político para buena parte de los países empobrecidos del mundo. De la mano del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional se habían aplicado en muchos de estos países políticas de ajuste que los habían atenazado y hundido en el agujero negro de la pobreza y la dependencia. En definitiva, que el capitalismo no es un sistema que introduzca paulatinamente a los diferentes pueblos de la Tierra en las vías de la prosperidad y la democracia. Bien al contrario, cabe hablar de un esquema centro-periferia, de manera que los países empobrecidos y “atrasados” se insertan en él bajo relaciones de dependencia y dominación por parte del gran capital transnacional.
 
Hace casi un cuarto de siglo, el FMI campaba a sus anchas por los territorios más débiles del planeta, obligándoles a tomar una medicina (las políticas de ajuste) que les condenaba a la postración. Ahora el FMI ha aterrizado en la Unión Europea, y sus hombres y mujeres de negro son los que dictan a los gobiernos las políticas a aplicar, que siguen siendo de ajuste, claro, porque no se les conocen posturas alternativas más allá del pensamiento único neoliberal.
 
Y de vez en cuando, en nuestra vieja Europa, afloran informes…incluso del propio FMI, que nos hacen caer en la cuenta de que la austeridad mata y propaga el dolor y la angustia de mucha gente, porque no se había tenido en cuenta adecuadamente el efecto multiplicador negativo sobre el nivel de renta asociado a un recorte de los gastos públicos, porque la austeridad y la reducción rápida del déficit público a toda costa impulsa el desempleo y la caída del consumo y la inversión…como si todo ello no se conociera ya a partir de las enseñanzas de Keynes y la Gran Recesión de los años 30.
 
Lo peor de todo es que aunque por propios y extraños se reconoce el fracaso absoluto de las políticas de la troika en los países periféricos del euro (especialmente los rescatados Grecia, Portugal, Irlanda y España), no se ha cambiado ni un ápice el contenido de dichas políticas más allá de una cicatera ampliación del plazo para que algunos países alcancen el objetivo del 3% de déficit público respecto al PIB.
 

2.    AFRONTAR LA DESIGUALDAD DESDE OTROS SISTEMAS ECONÓMICOS

2.1.           El Buen Vivir o Sumak Kawsay

 
Alberto Acosta conecta el Buen Vivir
 
“(…) con las experiencias, visiones y propuestas de aquellos pueblos (dentro y fuera del mundo andino y amazónico) empeñados en vivir en armonía entre sí y con la naturaleza (…) El Buen Vivir constituye un paso cualitativo importante al superar el tradicional concepto de desarrollo y sus múltiples sinónimos, e introduce una visión diferente, mucho más rica en contenidos y, por cierto, más compleja (…) Critica el concepto mismo de desarrollo transformado en una entelequia que norma y rige la vida de gran parte de la humanidad, a la que perversamente le es imposible alcanzar ese tan ansiado desarrollo, mientras que quienes se pretende ser desarrollados muestran cada vez más señales de su maldesarrollo (…) Para entender lo que implica el Buen Vivir, que no puede ser simplistamente asociado al ‘bienestar occidental’, hay que empezar por recuperar la cosmovisión de los pueblos y (las) nacionalidades indígenas (…) es imprescindible construir otras formas de vida, que no estén normadas por la acumulación del capital (…) No podemos esperar la llegada de la solución ‘técnica’. Nuestro mundo necesita ser pensado en términos políticos. Y en consecuencia tenemos que actuar impulsando un proceso de transiciones movido por nuevas utopías” (Acosta, 2013, 13-20).
 

2.2.           El posdesarrollo

Serge Latouche cuestiona el desarrollo económico tanto como vía para mejorar el bienestar de las sociedades ricas como para salir de la precariedad en aquéllas sociedades empobrecidas.
 
 “Frente a la mundialización, que no es más que el triunfo planetario del todo-mercado, debemos concebir y promover una sociedad en la que los valores económicos dejarán de ser centrales (o únicos) (…) Debemos renunciar a la loca carrera hacia un consumo cada vez mayor. Esto es requerido no solamente por la necesidad de evitar la destrucción definitiva de las condiciones de vida sobre la tierra, sino también y sobre todo para sacar a la humanidad de la miseria psíquica y moral (…) el progreso, el universalismo, el dominio de la naturaleza, la racionalidad cuantificante. Estos valores sobre los cuales descansa el desarrollo, y muy especialmente el progreso, no se corresponden de ninguna manera con aspiraciones universales profundas. Están ligados a la historia de Occidente, y tienen poco eco en otras sociedades (…) La mayor parte de las sabidurías consideran que el bienestar se realiza con la satisfacción de una cantidad juiciosamente limitada de necesidades (…) Las víctimas del desarrollo tienen tendencia a no ver más remedios para sus desgracias que una agravación del mal. Piensan que la economía es el único medio para resolver la pobreza, cuando es ella mismo quien la engendra” (Latouche, 2009, 12-20).

3.    VUELTA A EMPEZAR

El capitalismo es competencia. La vida es cooperación.
El capitalismo alienta y protege la desigualdad. La pobreza y la exclusión son sus consecuencias naturales.
Procede organizar la vida de los pueblos y las relaciones entre ellos de acuerdo con principios de respeto y austeridad.
La austeridad y la sencillez voluntaria es una obligación moral de las sociedades y las personas del mundo “hiperdesarrollado” cuando somos conscientes que nuestro estilo de vida es depredador de la Naturaleza y dañino para la mayor parte de los seres humanos.

REFERENCIAS:


Acosta, Alberto (2013): El Buen Vivir. Sumak Kawsay, una oportunidad para imaginar otros mundos, Icaria, Barcelona.

Deaton, Angus (2015): El gran escape. Salud, riqueza y los orígenes de la desigualdad, Fondo de Cultura Económica, Madrid (Publicado originalmente en 2013 por Princeton University Press, con el título The Great Escape. Health, Wealth and the Origins of the Inequality)

Fernández Steinko, Armando (2008): Las pistas falsas del crimen organizado. Finanzas paralelas y orden internacional, Catarata, Madrid.

Galbraith, John Kenneth (1982): La pobreza de las masas, Plaza y Janés, Barcelona (ISBN: 84-01-37127-9) (Publicado originalmente en inglés en 1978 con el título The Nature of Mass Poverty, Harvard University Press, London)

Latouche, Serge (2009): Decrecimiento y posdesarrollo. El pensamiento creativo contra la economía del absurdo, El Viejo Topo, Barcelona (1ª edición en francés de 2003, con el título Décoloniser l’imaginaire).

Okun, Arthur M. (1975): Equality and Efficiency. The Big Tradeoff, The Brookings Institution, Washington, D.C.

Piketty, Thomas (2016): El capital en el siglo XXI, Fondo de Cultura Económica, Madrid.

Standing, Guy (2016): “¿Una carta de derechos para el precariado del siglo XXI?” en David Casassas (2016): Revertir el guion. Trabajos, derechos y libertad, Catarata, Madrid.

jueves, 24 de noviembre de 2016

De mentiras a saberes. Reflexiones sobre la minería de las tierras raras


La vida es desaprender. Olvidar todo aquello que un día nos contaron y que luego descubrimos que no nos servía. Ni para cultivar sonrisas, ni para soñar, ni para desterrar miedos.
 
Si no desaprendemos, repetimos errores, y como la paloma que se equivocaba, confundimos el mar con el cielo, la noche con la mañana y las estrellas con el rocío.

1.    NOS DIJERON


Que para conseguir la prosperidad debíamos poner todo nuestro empeño en modernizar nuestras sociedades.

Que si la producción y el consumo crecían constantemente, no debíamos preocuparnos por nada más, que todo lo que viniera tras su estela sería bueno sin discusión. Que más siempre es mejor.

Que desde la tierra fértil de nuestros campos hasta las entrañas de la Tierra, todo había que convertirlo en beneficio monetario.
 

2.    HEMOS DESCUBIERTO


Que nos faltan saberes y nos sobran mentiras, y que siguiendo a Edgar Morin (Los siete saberes necesarios para la educación del futuro, 2001, Paidós), tenemos que cambiar la vía de la economía del futuro.

2.1.           Las cegueras de la economía convencional


Un sistema económico y social que se reproduce a través de la esquilmación de la Naturaleza y de la ampliación de la brecha de la desigualdad entre las personas y los pueblos, está enfermo. Genera daño, frustración y niega el futuro. Vive instalado en la ilusión de que nuevas vueltas a la tuerca del crecimiento van a ser el remedio a todos sus males.

Cada vez más gente cae en la cuenta de esta falacia, y se debate entre creerse sus propias mentiras o la búsqueda de la lucidez, aunque sea por los márgenes de nuevas formas de ser y estar.

La minería de las tierras raras no es un recurso para el futuro del Campo de Montiel, sino una ilusión más del desarrollismo capitalista que busca convertirlo todo en beneficios. En el actual contexto del capitalismo terminal, corresponde liquidar la vorágine desenfrenada de producción y consumo que nos ha traído hasta aquí, basada en actividades extractivas de recursos materiales y energéticos no renovables. Por esta vía ya no hay futuro.

2.2.           Los principios de una economía pertinente


Lo que ocurre en cada uno de los rincones de este mundo no es fruto de la casualidad ni de un mercado autorregulado. Todo está perfectamente planificado por el capital financiero-industrial para que parezca fruto de un devenir natural. La soberanía del consumidor en que se basa la economía convencional es un mito. Si hay que hablar de soberanía, en todo caso sería la del capital transnacional que define e impone gustos y estrategias para mayor gloria de su cuenta de resultados.

El reduccionismo monetario a través del cual se dilucidan las decisiones de inversión especulativa a lo largo y ancho del planeta, no tiene ningún interés en tener en cuenta los daños para la colectividad que se derivan de determinadas actividades económicas.

Es preciso contextualizar la minería de tierras raras como recurso estratégico en la fase actual del capitalismo, que utiliza de manera precisa las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC) para domesticar y manipular a la ciudadanía. Un libro de papel, hoy más que nunca, es un elemento subversivo desenganchado del control de los buscadores de internet. Las tierras raras son imprescindibles para el futuro que Orwell ya anticipaba en su libro 1984, una distopía de vigilancias omnipresentes, de policías del pensamiento y de neolenguas represivas.

Las inteligencias artificiales, y todos los recursos estratégicos y tecnologías que van de su mano, no deben convertirse en carceleros de los seres humanos, ni llegar a ser el próximo estadio de una sociedad que hoy ya está subyugada por el pensamiento tecnocrático, “incapaz de comprender lo vivo y lo humano”.

“Por todas partes y durante décadas, soluciones presuntamente racionales, sugeridas por expertos que estaban convencidos de actuar en bien de la razón y del progreso, y de que entre las costumbres y temores de las poblaciones sólo había supersticiones, han empobrecido al enriquecer, han destruido al crear” (Morin, 2001, 53-54).

1.3.           Enseñar una economía humana


Nuestra cultura es nuestra conciencia. Generaciones que nos han precedido han logrado conseguir de la tierra, con esfuerzo pero en armonía, los frutos que nos permiten la vida. Hoy, el sistema capitalista nos ha desarraigado y convertido en extraños que desconocen, incluso desprecian, lo más íntimo de lo que nos rodea.
 
la evolución verdaderamente humana significa desarrollo conjunto de la autonomía individual, de la participación comunitaria y del sentido de pertenencia a la especie humana” (Morin, 2001, 66).

Lo económico no es ni la única ni la principal motivación de las personas. Somos un manojo de razones, egoísmos, quimeras, seguridades y pérdidas. Todo ello ponderado o exacerbado por culturas locales en el seno de una especie única.

La minería de tierras raras no nos une al resto del mundo por su humanidad igualitaria, sino por una dependencia periférica, que ni entendemos ni controlamos. Puede que sea negocio para unas cuantas grandes empresas, pero no es futuro para la humanidad.

2.4.           Economía y territorio


La extensión y la grandeza del mundo no debe hacernos olvidar la dependencia radical de nuestros espacios más cercanos y frágiles. El mundo del comercio global a gran escala está llegando a su fin, tanto por sus contradicciones sociales (la deslocalización industrial genera precariedad y marginación en ambos extremos de la cadena) como ambientales (por basarse en el consumo de recursos naturales energéticos que están en franco agotamiento).

Toca relocalizar nuestras economías y hacerlas más eficientes en términos energéticos y sociales, verdaderos factores limitantes del actual estilo de vida capitalista.

“El planeta no es un sistema global sino un torbellino en movimiento, desprovisto de centro organizador. Este planeta pide un pensamiento policéntrico capaz de un universalismo no abstracto sino consciente de la unidad-diversidad de la condición humana; un pensamiento policéntrico, alimentado con las culturas del mundo” (Morin, 2001, 77).

La minería de las tierras raras no favorece una “ética de la comprensión planetaria”, que comienza por el cuidado de nuestro entorno más cercano. Lo que no queremos para nosotros/as, no lo deseamos para nadie y no lo deberíamos apoyar de ninguna manera, ni siquiera con nuestras decisiones de consumo.

2.5.           La economía debe afrontar las incertidumbres


La ciencia económica convencional no se caracteriza por su capacidad predictiva. No obstante, los modelos que desde otros ámbitos distintos a la economía tratan de prever las disponibilidades de recursos materiales y energéticos en el futuro, son todos concluyentes en cuanto a su agotamiento acelerado. Un futuro cierto en cuanto al colapso civilizatorio, e incierto respecto a los derroteros respecto al postcolapso.

Impulsar nuevas formas de organización económica y social, más centradas en lo comunitario, reduciendo el protagonismo del supuesto mercado autorregulado (mejor diríamos mercado planificado), hoy puede parecer una quimera. No obstante, ello ya tuvo lugar en un pasado no tan remoto, y como impronta cultural exitosa de adaptación a nuestro medio, puede volver a ser realidad en el futuro, si se superan autoritarismos y despotismos.

La explotación de las tierras raras, en la línea de negocios mineros similares en otras partes del mundo, se llevaría a cabo a costa del respeto a la vida que nos rodea, y por ello mismo, depararía más incertidumbre sobre nuestro futuro al reducir las opciones a nuestra disposición para afrontarlo.

2.6.           La economía de la comprensión


No comprendemos nada cuando imponemos nuestra verdad, cuando no respetamos la voluntad de otras personas que desean otro estilo de vida.

No vale aquello de que ciertas decisiones son muy complejas, y necesitan ser tomadas exclusivamente por expertos de acuerdo con criterios técnicos. Y que la ciudadanía, por tanto, debe conformarse con ser espectadora, presta a obedecer lo que en ciertas instancias se haya acordado. “Nada humano me es ajeno” que diría Terencio, lo que traducido al caso que nos ocupa supondría velar para que la democracia de alta intensidad, de autogestión y acción directa, se imponga en todos los aspectos de la vida comunitaria.

Las tierras raras nos las tienen que presentar sin tapujos, para que podamos descubrir lo que de oculto hay en ellas. Y si quienes las promueven en los ámbitos empresarial y político se niegan a ello o lo hacen con dobleces, no podemos por menos que dudar de las bondades que nos cuentan.

2.7.           La economía del género humano


Nuestra visión de la economía debe de ir más allá de nuestros intereses más inmediatos como individuos y como sociedad, para abarcar a todo el género humano. No nos valen los argumentos que apuestan por la explotación de la minería de las tierras raras porque dichos minerales son básicos para la fabricación de modernos artefactos tecnológicos propios de nuestra sociedad. Ningún desarrollo tecnológico debe tener lugar si deja una estela de graves daños al medio ambiente y a las personas. El fin nunca puede justificar los medios.

3.    DE MENTIRAS A SABERES


Las actividades mineras desarrolladas por grandes compañías multinacionales a lo largo y ancho del mundo, son de pura y simple rapiña. De apropiación y conversión en beneficios privados de lo que debiera ser objeto de gestión y uso comunitario.

Las supuestas virtudes del extractivismo forman parte de un relato falso e interesado, al servicio de los poderes financieros, que con la continua apropiación de recursos básicos consiguen mantener sus privilegios aumentando el control sobre la vida de la gente.

Toca perseguir sólo sueños cargados de futuro para la humanidad. De respeto a las leyes de la biosfera y al conjunto de seres vivos, porque es ahí donde tiene lugar la vida humana. La Tierra y mil formas de vida estuvieron antes de la aparición de los seres humanos sobre su faz, y estarán después de que el colapso condene a la especie humana a su desaparición o a sobrevivir.

Con lo que sabemos merece la pena luchar, para saber más, para cuidar más.
 

jueves, 29 de septiembre de 2016

Los municipios y el caciquismo de Estado

Creo que la participación política en el ámbito de lo público no tiene otro interés más allá que el de romper las concentraciones de poder. En esta nueva etapa de transición ecosocial en que estamos inmersos/as toca institucionalizar que el pueblo tome directamente las decisiones y ejerza el control posterior sobre las mismas. Toca desconcentrar el poder. La utopía realizable e inaplazable es la democracia participativa directa autogestionaria.

La democracia representativa formal (que no real), que hoy sigue imperando en muchos ámbitos de representación pública y asociativa, forma parte de un pasado que toca enterrar.

No obstante, en el ámbito municipal es preciso ser conscientes del muy escaso margen de maniobra de los Ayuntamientos para la gestión independiente de su presupuesto. La autonomía municipal en España es una asignatura pendiente que nadie se esfuerza en superar.

Los municipios tienen un papel residual y dependiente respecto de Diputaciones, Comunidades Autónomas y Gobierno Central. Los municipios antes dependían de señores feudales y caciques que ejercían su poder con la coerción de la fuerza y el clientelismo. Ahora dependen de gobiernos centrales, autonómicos y provinciales amparados por leyes que encorsetan y no liberan: el clientelismo sigo vivo.

La autonomía local no será tal mientras los municipios sigan dependiendo para prestar servicios de financiación condicionada, cambiante, temporal, costosa de gestionar e insuficiente, instrumentada a través de convocatorias de subvenciones y convenios unilateralmente decididos. 

¿Qué sentido tiene que las Diputaciones Provinciales y las Comunidades Autónomas convoquen anualmente subvenciones dirigidas a los Ayuntamientos para financiar servicios de lo más variopinto? Todo sería más sencillo y justo si esos fondos que reciben con una mano las Diputaciones y las Comunidades Autónomas y entregan con la otra a los municipios, llegaran directamente a los Ayuntamientos para que en el ejercicio de su autonomía los dedicaran allí donde estimasen oportuno. 

Las haciendas locales no disponen de medios suficientes para llevar a cabo las funciones que la Ley les atribuye. La ausencia de recursos propios se sustituye por subvenciones graciables en su concesión, condicionadas a determinados fines, que no garantizan la continuidad y regularidad de la prestación de los servicios públicos. Esto hay que decirlo, repetirlo y subrayarlo. 

Hay algo más importante que la reforma de los estatutos de autonomía que ha copado y copará la agenda política española: la reforma del gobierno y la financiación local. En los últimos tiempos, en vez de avanzar se ha retrocedido. En diciembre de 2013 se aprobó la Ley 27/2013 de Racionalización y Sostenibilidad de la Administración Local (Ley Montoro), que reformaba la Ley 7/1985 Reguladora de las Bases del Régimen Local, machacando más aún la situación de dependencia y subordinación de las administraciones locales. 

No existe interés alguno en cambiar el actual orden de cosas por parte de quienes se benefician del mismo, Comunidades Autónomas y Gobierno Central. Y lo que es peor, desde muchos municipios esta situación se admite como normal o se acepta con resignación.

Además, la reforma del artículo 135 de la Constitución Española en septiembre de 2011 limitó aún más la política fiscal de los municipios (gastos e ingresos tributarios), teniendo que cumplir éstos a rajatabla con el pago de la deuda, utilizando el posible superávit que pudiera generarse para adelantar la amortización de préstamos anteriormente concertados. Así se hace muy complicado avanzar en la consecución de objetivos programáticos de carácter ecológico y social.

Mientras llega una financiación suficiente que supere el dogma neoliberal de la estabilidad presupuestaria de las administraciones públicas, hay que hambrear en los ayuntamientos reordenando gastos hacia aquellas partidas que se consideren prioritarias desde otras que estime prescindibles. Y para no asfixiarse, acometer la actualización de tipos impositivos y tasas municipales con criterios de progresividad, es decir, exigiendo un mayor esfuerzo fiscal a los contribuyentes con mayor renta y riqueza.

Y todo porque una administración atada de pies y manos, como ahora mismo son los ayuntamientos, es más dócil y servil con las “manos que le dan de comer”.

jueves, 15 de septiembre de 2016

La economía de la cooperación y lo común


 
El próximo fin de semana 17 y 18 de septiembre de 2016, tendrán lugar en Munera (Albacete) las Primeras Jornadas de Economía Social y Local del Campo de Montiel. Amablemente la organización me ha pedido que lleve a cabo la introducción a las mismas reflexionando sobre elementos relacionados con dicha temática.
El lema “No nos representan” salió a las plazas y calles de toda España con posterioridad al 15M de 2011. Dos alternativas se abrían ante dicha negación:
- Dentro del capitalismo (o del sistema de mercado), utilizar los procesos electorales de nuestras “democracias limitadas” para cambiar dichos representantes por otros más afines a los intereses de la mayoría, y a partir de ahí confiar en que dichos representantes impulsen un cambio institucional para recuperar el Estado del Bienestar.
- Fuera del capitalismo, comenzar a construir procesos de autogestión de las necesidades y los bienes comunes bajo los principios de la cooperación y la participación directa de la gente, al margen de la lógica exclusiva del mercado.
Aunque ambas vías se han transitado en los últimos años, la primera de ellas ha sido la preferida por la mayor parte de la ciudadanía, mientras que la segunda apenas si ha sido explorada por una minoría de la población. Y ello a pesar de que la historia de la humanidad y del resto de seres vivos sobre el planeta nos remite a formas de organización donde prima lo comunitario y la ayuda mutua.
La primacía de una organización social basada en el mercado “autorregulado”, la competencia y la propiedad privada apenas es un suspiro en la larga trayectoria de la vida humana sobre la Tierra. Se remonta a finales del siglo XVIII cuando se inicia en Inglaterra la Revolución Industrial y desde ahí se irradia al resto del mundo.
Tres son los tipos de propiedad que podemos encontrar en nuestras sociedades: la privada, la pública y la común. Es muy importante no confundir lo común (poseído y gestionado directamente por los miembros de una determinada comunidad) con lo público (propiedad de las diferentes administraciones del Estado y gestionado por el personal al servicio de éstas).
Es preciso resaltar que a la par de la evolución del capitalismo se ha producido un cambio en el peso relativo de las diferentes formas de propiedad y su gestión. Dicho cambio se ha concretado en un aumento de las formas privadas y públicas (principalmente las primeras) en detrimento de la propiedad común o comunes. Incluso dentro de la propiedad pública y de los servicios públicos, en los últimos años se ha avanzado hacia la prestación de los mismos no de forma directa por parte de las administraciones públicas competentes, sino a través de la concesión de la gestión de los mismos a empresas privadas que se rigen por principios de maximización de beneficios monetarios y no del beneficio social.
Las personas y las comunidades en las que nos integramos buscamos en todo momento reducir nuestra vulnerabilidad ante acontecimientos que puedan dificultar nuestra existencia. Así, lo común y lo social autogestionado, necesariamente ha de tener una escala local, de pequeña o mediana dimensión, al contrario que la deriva transnacional y globalizadora del capitalismo financiero, cuyo interés es eliminar las barreras que puedan limitar el crecimiento continuado del capital industrial y financiero (UE, CETA, TTIP).
Lo común va más allá de bienes materiales, e incluye también los valores, las tradiciones, el conocimiento y la identidad de una comunidad, al margen del estado y el mercado. Los comunes engloban de manera indisoluble tanto los propios bienes como la comunidad que directamente los gestiona.
Desde los inicios del capitalismo y la Revolución Industrial se ha desarrollado una estrategia para desmantelar los bienes comunes mediante su privatización y traspaso de su gestión al mercado. El cercamiento de las tierras comunes (enclosures en Inglaterra) fue el primer paso en la línea de impedir el uso de las mismas a la mayor parte de la población, que privada así del acceso a medios materiales para su sustento material, se convierte automáticamente en “ejército de reserva” a disposición de la naciente industria. Se privatiza y convierte en mercancía lo que antes pertenecía a toda la comunidad y se gestionaba al margen del mercado.
Los seres humanos somos cooperadores y empáticos por naturaleza. “Pertenecemos a un mundo vivo simbiótico, autoorganizado (…) el mundo de la vida es mucho más que egoísmo, competencia y violencia: podemos desarrollar mucha amistad y cooperación (…) En contra de lo que parece (…) en la historia de la humanidad lo que ha prevalecido es la vida en común, los bienes comunales y la autogestión de los mismos” (Puche, 2013, 13) (1). Hasta que el capitalismo ha inoculado el virus contagioso de la competitividad a toda costa en todos los órdenes de nuestra vida, las sociedades humanas han basado su supervivencia en la cooperación y la ayuda mutua. Y no sólo las sociedades humanas, sino la mayor parte del resto de seres vivos.
No debería ser necesario colocar el adjetivo “social” al sustantivo “economía”. Desde antiguo la economía siempre se entendió como la gestión y el aprovisionamiento de los bienes necesarios para el hogar, para la comunidad. En Grecia se distinguía entre la “oikonomía” (oikos = casa, nomos = ley) y la crematística, entendiendo por ésta última la disciplina orientada al acrecentamiento y acumulación de riquezas.
La economía convencional, capitalista y de mercado, competitiva, productivista y esquilmante, no tiene consideración alguna ni a los límites físicos y biológicos de la Madre Tierra, ni a la igualdad y el respeto entre las personas. Hoy en día, el éxito económico se mide con el crecimiento de magnitudes monetarias (PIB) y no con la construcción de sociedades más justas ni con la mejora de la satisfacción de las necesidades básicas de las personas mediante procesos que queden bajo el control de las mismas.
Los bienes comunes no han muerto. Son futuro frente a un mercado inhumano, basado en la primacía de la propiedad privada (incluso a veces en la propiedad pública), que todo lo compra y lo vende para mayor gloria de las cuentas de resultados de las grandes corporaciones. Los bienes comunes sirven a la comunidad, pero muy importante, los tienen que crear y cuidar las personas.



(1) Puche, Paco (2013): “¿Por qué cooperamos y por qué no cooperamos?”, en Rebelión, febrero http://www.rebelion.org/docs/163325.pdf