viernes, 2 de febrero de 2018

CASTILLA-LA MANCHA SAQUEADA: LA SEQUÍA DE LA RAZÓN


El título de estas notas es una adaptación de “Extremadura saqueada. Recursos naturales y autonomía regional”, libro coordinado por los maestros José Manuel Naredo, Juan Serna y Mario Gaviria en el año 1978, en plena transición política.

El mismo dibujaba el marco de sometimiento y extractivismo consustancial al capitalismo, que a pesar de estar disfrazado con la “máscara de la democracia, es jerárquico y autoritario y continúa imponiendo coercitivamente sus relaciones de dominación y sus agresiones contra la naturaleza y los individuos”.

En Castilla-La Mancha se han reproducido en las últimas décadas los mismos esquemas de expolio que se señalaban en el caso extremeño, además de otros propios de los tiempos modernos, ligados a la maduración de su autogobierno. La mayor parte del interior peninsular ha jugado el papel de suministrador de energía, materiales, tierra y agua que devoran las grandes ciudades y polos industriales de Madrid y toda la costa mediterránea.

Centrales nucleares, cementerios de residuos radioactivos, embalses que roban el agua, sobreexplotación de acuíferos para robárnosla a nosotros/as mismos/as, expulsión de población rural, fuga de capitales de grandes empresas y fortunas, agricultura intensiva que esquilma suelos y pueblos, macrogranjas porcinas que envenenan la tierra, vertederos de residuos mil, minerías viejas del carbón, minerías raras para tecnologías que nos desconectan de todo, fracking, concentración de la propiedad de la tierra, urbanismo especulativo, autovías y aeropuertos a ninguna parte, industria de la guerra, plataformas logísticas certificadoras de precarización laboral, fincas, escopetas, señoritos, casinos y burdeles.

Naredo advertía en el Epílogo del libro contra “la ilusión de que la situación actual podría modificarse mediante un simple cambio en la cúspide política (…) si el Estado no es un ente neutral ello no se debe sólo a que sea el instrumento de una determinada clase social, sino también a que por su propia naturaleza su organización burocrática, jerárquica y centralizada no puede más que reproducir relaciones de dominación sobre individuos y territorios cualesquiera que sean los que la controlen”

El próximo lunes 5 de febrero, a las 20 horas, organizado por la buena gente de Ecologistas en Acción de Albacete, Cipriano Escribano y yo reflexionaremos sobre cómo este modelo depredador y desertificador se manifiesta en la gestión de las aguas de la provincia de Albacete.

La sequía de la razón es aún más dañina que la de las precipitaciones. Esta última acaba curándose con lluvia o con austeridad bien entendida (sí, claro, hay una austeridad y simplicidad justa y necesaria). En cambio, la primera es el caldo de cultivo para el despliegue de la racionalidad economicista y tecno optimista, incapaz de entender y cuidar las vidas, incompatible con ellas.

lunes, 15 de enero de 2018

ESTADOS, GRANDES CORPORACIONES Y LÍMITES ECOLÓGICOS DEL PLANETA


James O`Connor (1973, pág. 176): “el seguro social, no es, básicamente, un seguro para los/as trabajadores/as, sino una especie de seguro para los/as capitalistas y las grandes compañías”.

El pasado mes de noviembre fallecía a los 87 años de edad James O`Connor, sociólogo y economista marxista, profesor de la Universidad de California-Santa Cruz, conocido por sus aportaciones en el ámbito de las finanzas públicas y de la crisis ecológica. Anticipó en los años 70 del pasado siglo dos tendencias que hasta la actualidad se vienen imponiendo con toda crudeza: el estado al servicio de las grandes corporaciones y la crisis de la civilización occidental a partir de los límites ecológicos del planeta.

Conocí a Jim O`Connor en un curso de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Valencia, en marzo de 1992. Disertó sobre “Economía política de la ecología en el capitalismo moderno y el movimiento internacional rojo-verde”. El curso llevaba por título “La sociología frente a la crisis ecológica” y lo dirigía el profesor Ernest García. Otros ponentes fueron Jesús Ibáñez, Josep Vicent Marqués y Joan Martínez Alier.

La principal aportación intelectual de O`Connor se conoce como la “segunda contradicción del capitalismo”: el crecimiento económico socava la base de los recursos naturales, atenta contra la vida humana en la Tierra y por ende, colapsa las propias condiciones de producción capitalistas. Con esta línea editorial, O`Connor fundó en 1988 la revista "Capitalism, Nature, Socialism: A Journal of Socialist Ecology” (“Capitalismo, Naturaleza, Socialismo: Una revista de Ecología Socialista”).

Su libro más conocido es “La crisis fiscal del estado” (1973). Oí hablar del mismo mientras estudiaba economía, y hace unos años pude leerlo con sosiego. Conviene tener presente la fecha de publicación de este libro, en el ocaso de las políticas keynesianas y socialdemócratas, muy cerca del advenimiento del neoliberalismo con Reagan y Thatcher, a punto de desencadenarse la primera crisis del petróleo.

Señalaba O`Connor que los “avances” capitalistas en el ámbito de la agricultura, los recursos naturales, la industria, la distribución comercial, las finanzas,…han empobrecido a amplias capas de la población y regiones del planeta. Y que el Estado, para que no se cuestione su función legitimadora, actúa mediante políticas sociales, redistribuyendo rentas.

Igualmente, apuntaba que las políticas sociales son el resultado del avance del capitalismo monopolista en una doble vertiente:

- Son un mecanismo de legitimación para compensar los desequilibrios de la acumulación capitalista (desigualdades crecientes) en una sociedad de suma-cero.

- Intentan crear una sensación de seguridad entre trabajadores/as, reforzando la disciplina.

Afirmaba que el sistema fiscal desempeñaba dos funciones principales:

- Permite al capital monopolista aumentar su renta y su riqueza, reforzando su posición dominante.

- Se apropia del capital de las pequeñas empresas y de la clase trabajadora, con el fin de hacer frente a los costes del capital social (capital físico, capital humano, gasto social).

O´Connor denominaba “crisis fiscal del estado” a la tendencia del gasto gubernamental a aumentar más rápidamente que los ingresos como consecuencia de las necesidades crecientes de ciudadanos/as y grupos de presión económicos que producen mayores demandas sobre el presupuesto estatal.

Y en la línea de las aportaciones de John Kenneth Galbraith, afirmaba que los grupos de interés se han apropiado de muchas parcelas del poder estatal mediante “múltiples relaciones estrechas con el Gobierno”, controlando la mayor parte de los organismos reguladores de ámbito federal, estatal y local, para garantizarse la mayor parte en el reparto del botín.

Todo un visionario Jim O’Connor.

Ya son más de 40 años de capitalismo de estado o corporativo. Mientras continúan los debates sobre otro estado presto a disciplinar la quimera acumuladora y extractivista del gran capital, no caemos en la cuenta de que la tarea es construir algo nuevo y distinto al estado en cuanto a forma de organización comunitaria de las gentes.  

viernes, 29 de diciembre de 2017

Ni pájaros ni barro en la Fuente del Pájaro de Casas Ibáñez



Ni valles para perderse, ni páginas en blanco, ni barro para hacer pájaros y echarlos a volar (Adaptación de “Pájaros de barro” de Manolo Garcia).

El nacimiento de la Fuente del Pájaro se situaba a una altitud de 666 metros sobre el nivel del mar (msnm), en el Valle del Cabriel de Casas Ibáñez, junto a la carretera que une esta población con la aldea de Tabaqueros. Parada obligatoria para todas las gentes que por allí pasaban para hacer tareas en el campo, para disfrutar del monte o para acopiar agua que beber en casa.

Las aguas de la fuente, tras pasar por un pequeño pilón, llegaban a una charca de tierra que permitía el abrevado de los animales que ayudaban en las tareas campesinas, así como del ganado que pastaba en el Monte Público Derrubiada. Después corrían reguero abajo y eran aprovechadas para regadío en la Huerta de Engaña Óleos. Después, saltaban por el tollo del mismo nombre en su camino hacia el Cabriel.

El murmullo del agua y la sombra de los grandes olmos que había en el entorno de la fuente eran foco de atracción para que la gente acudiera a comer o merendar. Hace años se secaron los olmos y el lugar comenzó a quedar huérfano.

El caudal histórico de la Fuente del Pájaro era de 0,2 litros por segundo (l/s) aproximadamente, pero tras la sobreexplotación de las aguas subterráneas en su zona de influencia, su caudal descendió a 0,1 l/s en 2005, a 0,04 l/s en 2010, hasta terminar secándose por completo en 2015. Las personas mayores del lugar nunca habían visto seca esta fuente, como tampoco otras cercanas como la Fuente Nueva.

Reguero arriba de la fuente había otros dos importantes manantiales en la Huerta de Tartaja. Cada uno de ellos tenía un caudal histórico de 0,3 l/s aproximadamente, naciendo a los 705 msnm, una altitud muy cercana a la de la llanura inmediata (735 msnm). Desde el año 2012 también se encuentran secos. Antes de que así ocurriera, sus aguas llenaban dos balsas de tierra en la cabecera de los regueros, que luego se utilizaban para el riego de la huerta. Valeriano Gómez y Mercedes Gómez cultivaron por mucho tiempo estas tierras, de donde obtenían las mejores hortalizas y frutas que luego vendían en las piedras del mercado municipal o en su propia casa.

Mercedes y Valeriano nacieron en la Derrubiada. Ambos en El Retorno, en el término de Venta del Moro. Toda una vida campesina entre huertas, olivos y almendros. Personas sabias, capaces de procurarse con sus propias manos todo lo necesario para una vida digna, dura a veces, pero digna. Sus vidas se apagaron recientemente, a la par que los manantiales de agua de su querido Valle.

Menos vidas ligadas al Valle del Cabriel. Menos lugares para la esperanza.

El sino de los pájaros: emigrar y volar, romper jaulas y volar o no reconocer su tierra y morir de melancolía.

“Pájaros en la cabeza y volar

a donde las ventanas siempre están abiertas…”

Ismael Serrano
Álbum de fotos de la Fuente del Pájaro: https://flic.kr/s/aHskqAKXWt

Álbum de fotos de las fuentes de la Huerta de Tartaja: https://flic.kr/s/aHsm8pRXHo

 

jueves, 2 de noviembre de 2017

LAS ENERGÍAS RENOVABLES EN EL REGADÍO DE CASTILLA-LA MANCHA

 
El próximo jueves 9 de noviembre de 2017 participaré en la mesa redonda “¿Son posibles las energías renovables en el presente marco regulatorio?” dentro del “Congreso sobre el derecho de las energías renovables y el regadío. Agua y electricidad verde” que se celebrará en Albacete los próximos 9 y 10 de noviembre de 2017. El título de mi ponencia es “Límites e impactos ambientales de las energías renovables en el regadío: el caso de Castilla-La Mancha”.
 
El texto completo de la misma puede descargarse en el siguiente enlace goo.gl/amMfe9
La actual agricultura intensiva ligada al agronegocio cabe calificarla como una actividad extractivista, con un elevado impacto ambiental y social. El Instituto Universitario de Estudios de América Latina (2017) de la Universidad de Sevilla define el extractivismo como:
“(…) el conjunto de actividades económicas directamente apoyadas en la explotación y apropiación de recursos naturales y su comercialización como materias primas (minerales y petróleo) o productos primarios (agricultura intensiva). Las operaciones para la obtención de estos productos, caracterizados por su escaso grado de elaboración y su orientación exportadora, implica la utilización y degradación a gran escala del patrimonio natural de los territorios en los que el modelo se localiza, generándose importantes repercusiones e impactos sociales, ambientales y territoriales”.
Pudiera pensarse que los fenómenos extractivistas tienen lugar exclusivamente mediante la apropiación de recursos del Sur por parte del Norte global. No es así. Todo Norte tiene su Sur, incluso dentro de las fronteras de las propias economías desarrolladas. En el caso que nos ocupa, las políticas de regadío que afectan a la comunidad autónoma de Castilla-La Mancha, tanto las que han tenido lugar en las últimas décadas, las que ocurren en la actualidad, así como las que se pretenden llevar a cabo, van a comprometer el futuro de este territorio.
Castilla-La Mancha, en el centro de la mitad sur peninsular, alberga las cuencas altas de importantes ríos, tales como el Tajo y el Guadiana de la vertiente atlántica, el Júcar y el Segura de la mediterránea. Los lugares donde se desarrollaron los primeros regadíos fueron aquellos cercanos a corrientes permanentes de agua, donde más fácil era llevar a cabo pequeñas obras como azudes, acequias y norias movidas por la propia corriente de los ríos, para aportar agua a las tierras ribereñas. En Castilla-La Mancha existen regadíos históricos con aguas superficiales en las cuencas alta y media del Tajo y del Júcar, así como en las cuencas altas del Guadiana y del Segura. No obstante, en demasiados casos estos sistemas han experimentado deterioro y regresión de la mano de la pérdida de población y del abandono de la agricultura tradicional que ha tenido lugar en estos espacios rurales.
Igualmente, allí donde las aguas subterráneas estaban relativamente someras, desde antiguo se pusieron en marcha sistemas de elevación a la superficie mediante norias de tracción animal u otros artilugios manuales. En zonas de llanura castellano-manchegas, muchos pueblos contaban con huertas cercanas a la población que regaban a partir de pozos y permitían asegurar el abastecimiento en cercanía de productos hortícolas, además de diversificar la actividad agraria.
Si bien importantes recursos de agua superficial de Castilla-La Mancha, y los subterráneos de la cuenca alta del Segura a través de los pozos de sequía se trasvasan a otros territorios, los abundantes recursos de agua subterránea de las cuencas del Guadiana y del Júcar son objeto de sobreexplotación por parte de la agricultura de regadío intensiva de la propia región. En un caso y en otro, se produce un fenómeno extractivista de gran magnitud, utilizando recursos de agua muy por encima de sus niveles renovables, con la consiguiente hipoteca que ello implica sobre el futuro de esta región.
Que detrás del cambio climático se encuentre la combustión a gran escala de hidrocarburos no significa que la sustitución de éstos por sistemas energéticos renovables vaya a resolver los problemas energéticos de la humanidad.
Las limitaciones a la generación de energías renovables deben hacernos caer en la cuenta de que las mismas no pueden sustituir completamente a las energías convencionales que utilizamos masivamente en la actualidad. Toca hacer frente a una transición del modelo energético actual y del modelo de producción y consumo asociado al mismo, en el horizonte de una sociedad y una economía mucho menos intensiva en el uso de energía. Para determinar qué usos van a disponer de garantía de suministro hay que abordar un proceso de planificación basado en la información y la participación de la ciudadanía. No hacerlo podría llevarnos a prácticas de darwinismo social regidas por los conflictos en el marco de un colapso civilizatorio acelerado.
Las energías renovables del futuro deben dedicarse fundamentalmente a aquellos usos de mayor interés social que en breve plazo ya no van a poder ser abastecidos por las energías convencionales no renovables, en rápida tendencia hacia el agotamiento. En este marco de decisión caracterizado por la escasez apremiante de recursos para satisfacer necesidades humanas básicas (alimentación, vivienda, salud, educación, seguridad), tendremos que convenir cuáles de ellas van a contar con suministros energéticos y de materiales con carácter preferente.
Los avances en sistemas de generación eléctrica renovable, para instalaciones aisladas en el campo, van de la mano de precios cada vez más bajos y de mayor simplicidad en su manejo, de tal forma que cualquier persona con una mínima formación puede hacerlos funcionar. La energía que generan se aporta directamente a la electrobomba (bombeo solar directo), y no precisan de baterías que acumulen la energía producida, abaratando sustancialmente su precio, facilitando así un aumento de las extracciones de agua subterránea.
En los últimos años se está produciendo en Castilla-La Mancha un boom en la expansión de cultivos leñosos como la viña, el almendro, el olivar y los pistachos. En muchos casos, las nuevas plantaciones o las reconversiones de las existentes, se están transformando en regadío, a pesar de tratarse de cultivos que tradicionalmente se han realizado en tierras de secano, adaptados perfectamente a las condiciones naturales del territorio.
Entre 2002 y 2016 los cultivos de leñosos más importantes en Castilla-La Mancha, el viñedo, el olivar, el almendro y el pistacho, tradicionalmente cultivados en secano, han experimentado una intensa transformación hacia sistemas de regadío.
Agrupando las superficies de los cuatro principales cultivos leñosos de Castilla-La Mancha, en su conjunto permanece casi constante entre 2002 y 2016 (baja la de viñedo y sube la de olivar, almendro y pistacho). No obstante, en términos cualitativos es preciso señalar la reducción del cultivo en secano en favor del cultivo en regadío, casi en el mismo orden de magnitud (unas 100.000 ha). La superficie de regadío de estos cultivos en 2002 era de 195.299 ha (19% del total), mientras que en 2016 ha sido de 293.019 ha (29,5% del total).
La actividad agraria en su conjunto, y el regadío en particular, deberían tener presente las nuevas realidades globales que nos instan a desarrollar el principio de la soberanía alimentaria como derecho de todos los pueblos de la Tierra a producir en cercanía sus propios alimentos, evitando la dependencia de las importaciones procedentes de mercados internacionales controlados por grandes empresas multinacionales y por fondos financieros de carácter especulativo. Mercados que imponen transportes de miles de kilómetros a los alimentos de una parte importante de la humanidad, y que en el contexto del actual agotamiento energético son absolutamente insostenibles, corriendo el riesgo de ser cada vez más inestables y especulativos.
En el ámbito de la soberanía alimentaria de las comunidades rurales, las energías renovables aplicadas al regadío deben gestionarse de acuerdo con criterios de interés general, para producir alimentos de calidad con destino a su consumo preferente en el seno de dichas comunidades. La garantía del suministro de los mismos no debería dejarse en manos de las grandes empresas del agronegocio y de la distribución comercial, sino que debería articularse desde las propias comunidades.
Las energías renovables que hagan posible el regadío del futuro no deberían utilizarse para seguir dando oxígeno a una agricultura intensiva que pudiera acarrear daños ambientales y sociales del mismo calado que el actual regadío con energías convencionales.
Si las tecnologías de energías renovables aplicadas al regadío siguen avanzando hacia la mejora de la eficiencia económica y energética, de tal manera que a través de las mismas pueda llevarse a cabo un uso creciente de las aguas subterráneas, se corre el riesgo de alcanzar un mayor deterioro de los ecosistemas ligados al agua. La tecnología, sin un adecuado control social, nos adentra en mayores problemas en lo que toca al cuidado de la vida.

jueves, 21 de septiembre de 2017

A peor vida. Tabaqueros y la Casa Grande (Villamalea)

Cronistas de la destrucción… ¡¡qué ingrata tarea!!
El nacimiento de la Fuente del Piojo (700 msnm) era, con diferencia, el mayor manantial de la Ceja del Valle del Cabriel, en el término de Villamalea, justo en el límite con el de Casas Ibáñez. Los 12 litros por segundo aforados a finales de los años 70 del pasado siglo, corrían por el Arroyo de la Aldea, permitiendo el riego de multitud de huertas en la Casa Grande (o Casa de los Señoritos), las Casas Nuevas y Tabaqueros. Justo en Tabaqueros sus aguas formaban un monumental tollo (602 msnm) a cuya sombra se construyó un lavadero, un abrevadero y un caño para agua de uso de boca.
Más de 100 personas llegaron a vivir a lo largo del Arroyo de la Aldea. Hortelanos/as que obtenían el sustento de su tierra fértil y su agua fácil. Progresivamente sus caudales se han ido reduciendo, hasta que hace dos años desaparecieron. Hoy, las gentes que tienen casas de campo en Tabaqueros se abastecen a través de un pozo que han realizado. La paradoja de siempre: la proliferación descontrolada de pozos seca las entrañas de la tierra, mata a las fuentes naturales, y obliga a construir nuevos pozos o a profundizar los existentes para conseguir el abastecimiento perdido. Lo que antes teníamos sin incurrir en ningún coste energético (el agua por gravedad), hoy requiere importantes inversiones en sondeos y bombas, así como costes de mantenimiento en energía eléctrica o de hidrocarburos que agravan el cambio climático. Nuestra vida se vuelva cada vez más frágil y dependiente. Nuestra vida se agota a la par que esquilmamos todos los recursos que nos rodean.
Habitualmente se ha utilizado el agua de esta fuente para uso de boca de la gente del lugar que incluso acudían con envases para acopiarla y llevársela a su casa. La sombra de los olmos que en tiempos había junto a la fuente, el lavadero y el caño para beber hacían de este lugar un espacio atractivo para pasear o comer en el campo. Desde que los olmos se secaron y la gente abandonó la aldea (sólo viven personas aquí los fines de semana), el lugar ha perdido todo su encanto, así como las posibilidades de albergar vida humana. El reciente secado de la fuente ha sido el final de esta historia.
Un sencillo caño de hierro hacía fácil a la sed las aguas que nacen en el tollo, previamente conducidas por pequeños canales excavados en la roca desde la pared que los drena. Hoy todo está colonizado por las zarzas, seco, inaccesible para la gente. Territorios aquí al lado agotados y perdidos, hostiles para la vida humana. El punto de partida para las migraciones.
Más pronto que tarde, el actual sistema agroalimentario va a colapsar. Al estar basado en el uso intensivo (casi exclusivo) de petróleo en sus procesos de producción, transformación y distribución a escala mundial, su ocaso va a la par que el de este recurso no renovable que ya ha sobrepasado su pico de producción. Entonces tocará volver a los sistemas agroalimentarios tradicionales, de cercanía, intensivos en energía renovable de origen humano y animal. En este futuro inmediato, los espacios de huerta de regadío en valles y regueros van a recobrar el protagonismo que siempre tuvieron, y que la quimera de la modernidad despreció. Entonces, a estos lugares del Júcar y el Cabriel le faltarán sus dos recursos más preciados: la tierra y el agua. Y tocará buscar la vida lejos de aquí.
El antes y el ahora de las siguientes fotografías auguran un después vacío. El Arroyo de la Aldea, ya no es arroyo. La aldea del arroyo, ya no es aldea. Con el agua han robado también el futuro.

 

martes, 19 de septiembre de 2017

UN PASEO POR AQUÍ AL LADO

La vida plena para todas las personas precisa de sobriedad y cooperación en el uso del aire, la tierra, el agua, los materiales y la energía. Cuando sobre estos recursos tienen lugar fenómenos de acaparamiento o deterioro, como diría el Jefe Indio Seattle, “termina la vida y comienza el sobrevivir”.
 
Cuando nos afanamos tras el producto interior bruto (PIB), el consumismo y la competencia a ultranza, damos alas al colapso que ya se ha instalado en nuestro mundo. Colapso que ha comenzado golpeando a los/as más vulnerables, pero que acabará desplegando todo su dolor a los cuatro vientos, alcanzando incluso a quienes hoy nos creemos a salvo. Utilizando el título de un libro de Naomi Klein, la incidencia del capitalismo sobre el clima y la Naturaleza lo cambia todo. Nada volverá a ser como antes, y sin embargo, seguimos como si nada.
El cambio climático, el destrozo de la vida, no son sólo los huracanes del Caribe retransmitidos en tiempo real. Lo tenemos aquí al lado, por todas partes, sin que ninguna cámara se digne a captarlo y difundirlo, lo gritan hasta las piedras, y no queremos enterarnos.
Voy a comenzar una serie de post en mi blog y las redes sociales. Basándome en trabajos de investigación que he llevado a cabo en la última década, mostraré la situación en que se encuentran pequeños espacios del agua de las cuencas medias de los ríos Júcar y Cabriel, aguas abajo de Contreras y Alarcón hasta Cofrentes, en las provincias de Albacete, Cuenca y Valencia. El agua como recurso esencial para la vida, que conforme es contaminado o “desaparece” de nuestro entorno inmediato, nos indica sin duda que algo estamos haciendo muy mal, que nuestro futuro debe preocuparnos.
Cuando no reconocemos nuestra propia tierra, la de nuestras abuelas, nos convertimos en extraños/as sin raíces allí donde hemos crecido, incapaces de comprender todo lo que la Naturaleza nos dice a voz en grito.
No pretendo ser exhaustivo. Tan solo busco acercar el conocimiento de multitud de fuentes, manantiales y tollos de nuestro entorno cercano al público en general, así como las actividades humanas que tradicionalmente se han desarrollado a partir de los mismos y los saberes populares destilados generación tras generación. Si bien en algunos casos, los menos, aún podemos disfrutar de un relativo buen estado ecológico y de conservación de los mismos, la mayor parte de las veces, desgraciadamente, contaremos historias de abandono y pérdida de un valiosísimo patrimonio natural y cultural. Hablaremos de lugares cada vez más inhóspitos para la humanidad, aquí al lado.
Walter Benjamin (1940) señalaba que no confiaba en nuevas revoluciones para cambiar el statu quo sobre la marcha. Por el contrario, apuntaba a que convendría tirar del freno de emergencia de la locomotora que nos lleva. Como el río de José Luis Sampedro "Todo estaba dispuesto, aunque nadie lo supiera, porque la vida no avisa..."
NOTA: Partiendo de los trabajos originales desarrollados entre los años 2005 y 2016, durante los próximos meses voy a visitar de nuevo los espacios del agua que ya fueron catalogados en su momento, determinando si en los últimos años su evolución ha sido positiva o negativa. Los trabajos de investigación de los que parte la presente actividad divulgativa los desarrollé junto a los/as siguientes compañeros/as: Rafael Molina Cantos, Margarita Melgoso, Fernando Pérez del Olmo, Miguel Ángel Fernández Graciani, Adela López González, José Manuel Garriga Perea, Pedro Camacho Ríos y Ximo Azorín Azpeitia. El acceso a los informes finales de los mismos puede realizarse a través de los siguientes enlaces:




















 
VIII.1.10. Archivo pdf del libro fuentes y tollos de Alcalá del Júcar 2014

jueves, 3 de agosto de 2017

ALGUNAS CLAVES DEL INCENDIO DE YESTE-MOLINICOS Y ALDEAS

El incendio forestal de Yeste-Molinicos y aldeas ha sido una gran tragedia social y ambiental, sin paliativos. En menos de una semana se han convertido en cenizas más de 3.000 hectáreas de monte rico en biodiversidad de flora y fauna. Muchísimas personas han visto cómo sus lugares de vida y sustento se han deteriorado hasta el extremo. El futuro se vuelve más hostil. Vaya por delante todo el ánimo y el apoyo a las gentes que más lo han sufrido, y el agradecimiento a todas las personas que han trabajado en las durísimas labores de extinción.

Dicho esto, creo que este desgraciado acontecimiento cabe interpretarlo en clave de los desquiciados cambios económicos y ambientales que está experimentando este mundo globalizado, cambios que se manifiestan también en nuestro entorno local. Se trata de poner la vista más allá de las llamas, el humo y los árboles quemados de los últimos días, para intentar descubrir las razones de porqué ocurren estos desastres ambientales, y porqué seguirán pasando (están pasando) otros similares más o menos mediáticos.

Es mi humilde opinión, seguro que incompleta, susceptible de ser matizada o incluso con partes erróneas, más con ella quiero hacer mi aportación al debate pendiente en esta región y país respecto a un mundo rural que se desangra sin remedio en el marco del colapso del capitalismo terminal.

1. En las sierras de Segura y Alcaraz se aplica un modelo económico extractivista.

El capitalismo, en su afán por incrementar a toda costa los beneficios monetarios privados, genera residuos e impactos por doquier cuando se apropia de los recursos humanos y naturales. Su historia del último medio milenio se puede resumir a través de un esquema centro-periferia donde las economías y regiones “más desarrolladas” han impuesto al resto del planeta unas reglas del juego basadas en relaciones de dependencia y subordinación. Primero se llamó colonialismo y ahora se denomina globalización.

Las sierras del sur de la provincia de Albacete llevan un siglo funcionando como abastecedoras de mano de obra y agua de las zonas urbanas de su entorno, fundamentalmente costeras. Los grandes embalses de la primera mitad del siglo XX anegaron las mejores vegas de cultivo de los ríos Segura y Mundo y dificultaron la explotación forestal tradicional que utilizaba el cauce de los ríos para dar salida a la explotación maderera. Si a ello añadimos la fuerte concentración de la tierra en manos de caciques, y la inexistencia de políticas de redistribución de la tierra, las consecuencias fueron la expulsión de la población de su medio natural, condenándola a vender su fuerza de trabajo para mayor gloria del desarrollismo urbano-industrial franquista. El agua de la sierra, la que corre por la superficie y la que la Confederación Hidrográfica del Segura fuerza su afloramiento mediante los eufemísticamente llamados “pozos de sequía”, sirve para abastecer a una agricultura insostenible en el litoral, intensiva en petróleo y agroquímicos, que machaca a las personas inmigrantes que en ella trabajan. Y también, claro, para seguir dando aliento a un modelo turístico de sol y playa que ha copado el litoral mediterráneo al calor de la especulación del ladrillo.

Los sucesos de Yeste de mayo de 1936, con casi 20 campesinos muertos a manos de las fuerzas de orden público, cabe interpretarlos en el marco de esa creciente presión sufrida por la población serrana, despojada de agua, tierras y montes, condenada a morir de hambre o a emigrar. Este modelo extractivista que la Sierra de Segura viene sufriendo durante más de un siglo, tiene su continuidad hoy día en otras zonas de Castilla-La Mancha, con muy bajas densidades de población, para las cuales la planificación del desarrollo territorial les depara cementerios nucleares, minería de tierras raras, cotos intensivos de caza mayor o macrogranjas de porcino, en algunos casos con el visto bueno de los Gobiernos de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, el anterior y el actual.

2. Si en la sierra no vive gente, la gente no tendrá sierra.

El éxodo rural de la segunda mitad del siglo XX en España se ha logrado frenar en algunas comarcas de interior, más se sigue prolongando sin piedad en las sierras de Alcaraz y Segura. En los 25 años que van desde 1991 hasta 2016, caracterizado por la aplicación en España de las políticas europeas agrarias (PAC) y de desarrollo rural, ambas comarcas albacetenses han perdido población a un ritmo frenético y desbocado. La Sierra de Segura ha pasado de 23.639 habitantes en 1991 a los 16.895 en 2016, suponiendo una reducción del 40% de su población. Si nos vamos a los municipios de Yeste y Molinicos la sangría es aún mayor, alrededor de un 45%. Su población se ha reducido desde los 5.025 y 1.686 habitantes de 1991, respectivamente, hasta los 2.818 y 893 habitantes actuales. El caso de Yeste, si lo comparamos con los casi 11.000 habitantes que llegó a tener en 1950, es absolutamente desolador.

Los montes mediterráneos son ecosistemas extremadamente frágiles, que a lo largo de los siglos han coevolucionado con la presencia humana. Los usos tradicionales del monte como el pastoreo, la leña, la recogida de frutos silvestres, etc. han desaparecido a la par que se reducía la población, que ya no puede ganarse el sustento desarrollando las mismas actividades que sus antepasados. Si a ello añadimos un transporte público inexistente para la mayor parte de poblaciones y aldeas, así como educación y sanidad centralizadas en grandes poblaciones o la capital de la provincia, vivir en la sierra, aunque se quiera, está reservado a pensionistas o a gente muy valiente, que se ríe de las políticas públicas de desarrollo rural.

O la gente vuelve a rehabitar en harmonía la sierra, desarrollando las actividades tradicionales de manejo del monte, adecuadamente valoradas y remuneradas por el conjunto de la sociedad, recogiendo y poniendo en práctica todos los saberes de nuestros/as abuelos/as, o la zona corre el riesgo de convertirse en un parque temático para el turismo rural. Un monocultivo económico, el del turismo rural, con muy limitadas capacidades por sí solo para llevar a cabo una gestión integral y equilibrada del territorio. En contra de lo que nos sugieren las líneas maestras del progreso capitalista, en las sierras de Albacete y la mayor parte de las zonas rurales deprimidas de Castilla-La Mancha, faltan miles y miles de campesinos/as y pastores/as extensivos, capaces de aprovechar los recursos renovables de nuestra tierra (suelo y agua) para convertirlos en alimentos sanos. Campesinos/as y pastores/as, que no agricultores/as y ganaderos/as intensivos en el consumo de fuentes energéticas no renovables, que siguiendo las directrices de las políticas agrícolas y ganaderas públicas, con sus técnicas, cultivos y macrogranjas en muchos casos agotan y contaminan los suelos y el agua.

3. El cambio climático y la deforestación han llegado para quedarse: nada volverá a ser como antes.

Los ecosistemas forestales están cada vez más estresados por las mayores temperaturas y las menores precipitaciones ligadas al cambio climático. Los posibles incendios que puedan desencadenarse, van a resultar cada vez más dañinos y virulentos. En estas condiciones cada vez más extremas, incluso los modernos sistemas y dispositivos de extinción, humanos y técnicos, no siempre podrán hacer frente a los incendios con suficientes garantías para minimizar los daños. Ello no quita para que aún se pueda hacer mucho más y mejor en esta materia.

El sur y el sureste peninsular, donde se encuadran las sierras de Segura y Alcaraz, son las zonas de la península Ibérica donde con más intensidad se van a reflejar las consecuencias del cambio climático. En este contexto de mayor aridez y desertificación, el daño causado por el fuego sobre las masas forestales es muy probable que vaya en aumento.

Toca adelantarse y apostar por políticas que preparen a las comunidades rurales y urbanas para afrontar unas condiciones climáticas mucho más hostiles para la vida humana. Para este reto, las directrices que marca la globalización no nos valen. Seguir apostando por la mercantilización a ultranza de la mayor parte de las necesidades vitales, exprimiendo los recursos naturales y las personas para maximizar los beneficios monetarios de una minoría, nos lleva al colapso más salvaje. Tomando prestado el título de la novela de Juan Goytisolo, hay que recuperar las “señas de identidad” de la sierra. Frente al desarraigo y la ruptura de vínculos con la naturaleza, se impone poner en valor estilos de vida basados en lo comunitario y el respeto a la tierra y sus gentes. No se trata de volver al pasado, sino de aprovechar los conocimientos generados durante cientos de años por quienes nos precedieron, para construir un futuro digno encajando tradición y modernidad.